La niña que no sabe porque nació, Parte 6 FINAL


Lorenza cuenta…

Toda mi vida he llevado una doble moral.
Le he mentido a todos, a mis amigos, a mis padres, a mi.
Solo saben quién soy aquellos con los que soy “Vicky, July o Martha”.
Pero ni ellos me conocen. No hablo, no les digo mis gustos, mi vida, mi hobby.
No lo comparto con nadie.
Mi único placer antes era leer y escribir.
Leo mucho, mi novela preferida
Como me gustaría que pudiera hacerlo. Tomar una pócima mágica y ser “Vicky” con otro rostro. Con otro cuerpo, con otra edad.
Y nadie me recuerde.
Antes de ser ella, salía a bailar sola o en bares gay, con el fin de ligar, coger…
Beber hasta el amanecer.
Pero al día siguiente, mis padres me reprendían, mis compañeros de la escuela, no sabían nada.
Ni hablaba con ellos, era muda.
Cuando volvía de mis aventuras, mis padres me regañaban, porque “bebía” pero no sabían nada más…incluso mis amistades, no eran bien vistas, pero…que cosa tan rara.
Tenía amigos que apoyaban mi doble vida, mi lado más oscuro y pasional y también tenía amigos que eran tan nobles. Tan puros y morales.
Pero en ambos me sentía yo. No les mentía.
Cuando mis amigos, aquellos que mis padres estimaban, aquellos que me acompañaban en la escuela estaban conmigo, hablamos de moral, de amor, de la vida.
Todo era rosa y me veían como alguien sabia y tierna, como alguien que daba mucho mas amor a pesar de estar triste.
Porque si, era muy triste.
Pero ninguno sabia mi pasado. Las veces que me iba con hombres. No sabían de las veces que estaba con mujeres.
Y luego el arrepentimiento, como una cruda que luego expulsaba las toxinas de mi cuerpo con un poco de vomito.
Iba a la iglesia, a misa, confesaba mis penas.
Me golpeaba hasta sangrar.
Me redimía con el cuchillo, para luego pintar con mi sangre un cuadro.
Bello cuadro que encerraba mi locura.
El ciclo se repetía.
En los bares conocí a mis “amigos”, a los chicos con los que de vez en cuando salía. Pero nadie conocido sabia de mi otro yo.
Me esmeraba por ocultarlo, usaba mucho maquillaje, era otra.
Mi profundo amor a mis maestros como excelente alumna-porque era brillante, mejores notas, cuadro de honor, primer lugar, artista y amada- me invitaba a seducir hombres mayores. Acostarme con ellos.
Esperaba una buena nota.
Mujeres, mi otro deleite.
Tanta pasión desenfrenada se acumulo en mi contra. ¿Por qué?
Porque mis valores, los principios de mi infancia, inculcados por mi madre estaban como jueces de mis actos.
Yo misma me reprendía más que otros.
Siempre me cuestionaba, ¿Cómo ellos actúan sin culpa?
“Así fue como empecé muy pronto a esconder mis gustos, y que cuando, llegados los años de la reflexión, puesto a considerar mis progresos y mi posición en el mundo; me encontré ya encaminado en una vida de profundo doble. Muchos incluso se habrían vanagloriado de algunas ligerezas, de algunos desarreglos que yo, por la altura y ambición de mis miras, consideraba por el contrario una culpa y escondía con vergüenza casi morbosa. Más que defectos graves, fueron por lo tanto mis aspiraciones excesivas a hacer de mí lo que he sido, y a separar en mí, mas radicalmente que en otros, esas dos zonas del bien y del mal que dividen y componen la doble naturaleza del hombre. Mi caso me ha llevado a reflexionar durante mucho tiempo y a fondo sobre esta dura ley de la vida, que está en el origen de la religión y también, sin duda, entre las mayores fuentes de infelicidad.”
Moral, estúpida moral…
Culpa, mucha culpa y odio hacia mí.
Muchas veces, por causa de ello, traté de matarme. En vano.
Irónicamente, la gente que conocía que quería morir sentía amor por la vida.
Como si mi presencia les calmara.
Que estúpido.
Tanto rencor…mucho rencor…
Luego de que mis padres murieron, me sentí sola.
No estaba sola, porque tenía amigos, pero…ser incomprendida y mentirles deliberadamente me alejaba de ellos. Era resultado a la soledad y aislamiento.
Vivía en una isla social.
Quise morir, pero no pude.
El coche no me mató después de arrollarme. Y eso que sentí un inmenso placer cuando era llevada. El dolor se transformaba en éxtasis. Creí que llegaba al paraíso.
Pero no, desperté en el hospital.
Mis amigos, he dejado de llamarles, durante dos meses extrañe el bar. Solo estaba uno aquí muriendo de cirrosis. Mi compañero de cuarto y de cama en otras veces.
Maldita sea. ¿Por qué vivo? ¿Por qué no he muerto?
¿para qué nací? Lo ignoro…
Si el destino me ha preparado algo, que me lo diga de una vez. Busco pistas en libros, en noticias, en el horóscopo, pero sigo sin comprender.
¿Por qué…?
Ya hace dos meses que salí del hospital, y mi vida no ha cambiado gran cosa. Ya le hablo al de la tienda y al guardia de enfrente.
Ambos son buenos.
El otro día, Rodrigo-el guardia-me comento que me veía mucho, que era muy linda-porque no me conoce- y me dijo que si podíamos ser algo más…
Me negué.
Solo quiero sexo.
Me asusta el amor, no lo merezco…él no me conoce y por eso le gusto.
No sabe mis hábitos.
El otro día me dijo “Odio ser guardia en ese lugar, pero solo verte me hace feliz… por eso sigo ahí.”
No lo entiendo. ¿Por qué otros son alegres con mi presencia, cuando yo me detesto?
¿Qué ven ellos en mí que yo no?
Cuando le pregunte que le gustaba de mí, me dijo:
“Tu nobleza, tu mirada dulce, tu cultura…” ¿dulce? ¿mirada dulce…?
“se ve de alguien triste…pero que es tierna…”
Tal vez tenga razón  porque le he tomado afecto. Por eso mismo no he acostado con él.
Sigo buscando.
Y aun no sé porque nací.


















Comentarios